jueves, 5 de agosto de 2010

Yo, Jan Cremer. Autobiografía de un beatnik - Jan Cremer

Editorial Grijalbo. México, 1967. Rústica, 20 x 14 cm.; 353 pgs. Notorias señales de uso, sellos de librería, buen estado. El Yo de JAN CREMER, que ocupa desde la primera a la última página de este libro, es algo más que la imagen -si se quiere distorsionada- de un joven de veinticinco años pleno de valores intelectuales y estéticos, pero ayuno de los atributos que legítimamente se pudieran considerar propios de nuestra época. Pues el lector avisado, tan pronto se introduce en una treintena de sus páginas, advierte que ese Yo no es sino el de un sector ciertamente extenso de una generación producto de una sociedad en crisis. Y si bien es verdad que este Jan Cremer de nuestros pecados es, sin disputa, campeón indiscutido de cuantos, melenudos o no, discurren por esos mundos cometiendo desafueros sin cuento y pensando del respeto al prójimo lo que se les antoje, también es cierto que, situarlos en esta perspectiva, YO, JAN CREMER gana nuestro respeto, nos ilustra y despierta nuestra admiración como documento fehaciente de una realidad que estamos obligados a conocer, a estudiar y a encaminar. Todo cuanto pudiera imaginar el lector más anhelante de lo imprevisible, de lo desconcertante, de lo erótico o del esguince picaresco contiene este libro, y tal vez lo que ni aun este lector se imaginase. Pero no es por su contenido guiñolesco y desorbitado por lo que YO, JAN CREMER nos fascina y nos mantiene pendientes de su lectura, sin parpadear hasta su fin. Que el autor es dueño de una magia sin par para atraparnos en su narración y embebernos en su trama haciéndonos olvidar de lo divino y lo humano; que Jan Cremer es, como dice Seymour Krim, una especie de hijo ilegítimo de los grandes gigantes de la novela autobiográfica, queda fuera de toda duda, basta leer dos páginas cualesquiera del libro para convencerse. Pero lo que a esta autobiografía -¿quién pudiera dudar que la imaginación haya volado también a sus anchas?- le confiere una entidad muy por encima, hasta desestimarlo en absoluto, de su lenguaje procaz y desvergonzado, es su valor humano. Pues siendo Jan Cremer y su generación -una parte no despreciable de esa generación- hijos de un fenómeno histórico, hijos de nuestra sociedad, todo lo que a esa generación atañe nos interesa y nos desazona. YO, JAN CREMER no es un libro para mojigatos; eso, por supuesto. Es una lectura para gentes que están de vuelta de todo asombro, que observan la vida y que, por ello, saben ajustar positivamente su conducta a los acaeceres de la realidad. #OB-048361

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